Maldito Destino

Publicado el 17 de enero de 2026, 11:28

—Es el destino —dijo su madre.
—Maldito destino —matizaría yo —apostilló la hija, con amargura—. Si me hubierais hecho caso…
—concluyó la madre, cabeceando, apesadumbrada.

Pero no se lo hicieron. Ella acudió a la fiesta organizada por el instituto acompañada de su novio, sin respetar ninguna medida contra la COVID-19, creyendo, como casi todo el mundo, que nada iba a pasar. Pero pasó. Días después, él se contagió. Ingresó en la UCI y ya no volvió a salir.

La hija se apagó con él y entró en una profunda depresión. Se encerró en su habitación, como si al quedarse quieta pudiera engañar al azar. Entonces su madre, temerosa de que aquella tristeza acabara por consumirla, insistió en que saliera: sal, respira, sigue viviendo. Quizá —pensó— que así el destino aflojaría su presa.

Ella, al final, aceptó y quedó con una amiga, en un bar cercano, para tomar algo.

Y fue entonces cuando el maldito destino, paciente y puntual, reclamó lo que consideraba suyo. Al cruzar el paso de cebra frente a su casa, el camión de la basura se quedó sin frenos y se la llevó por delante.

A veces no importa obedecer ni desobedecer. El destino siempre llega primero.

 

 

Tomás Bernal Benito

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